Mientras Guinea Ecuatorial presume de avances y modernización, la capital revive, año tras año, un fenómeno que parece sacado de otro tiempo: *apagones generalizados al cierre del calendario*. La rutina de cortes eléctricos sin previo aviso ha dejado de ser una excepción para convertirse en tradición, con efectos que afectan a toda la vida ciudadana: hogares, hospitales, centros educativos, empresas y oficinas públicas.Lo más preocupante no es solo el apagón en sí, sino *el silencio oficial que lo rodea*, la falta de transparencia y de soluciones concretas por parte de las autoridades y empresas responsables del suministro. ¿Es una falla técnica, una crisis energética, una mala planificación o simple desidia?En un país que aspira al crecimiento económico y a mejorar su imagen internacional, la oscuridad recurrente de su capital *es un símbolo preocupante de desconexión entre los discursos de los responsables del sector eléctrico y la realidad ciudadana*. La energía eléctrica no puede seguir siendo una incógnita estacional. La población merece una explicación, pero sobre todo, una solución definitiva.