Las irregularidades señaladas —desde la manipulación del proceso electoral hasta el uso de normativas inexistentes como la “protocolización de actas”— no solo vulneran los estatutos internos de la Federación, sino que atentan contra el sentido más básico de justicia deportiva y participación democrática. ¿Cómo se puede hablar de desarrollo del fútbol nacional cuando se niega el juego limpio desde las propias instituciones que deberían garantizarlo?Resulta alarmante que en pleno siglo XXI, y ante la mirada de la CAF y la FIFA, aún se recurra a prácticas opacas, a procesos viciados por intereses personales, y a la exclusión sistemática de perfiles comprometidos con una visión moderna, ética y profesional del deporte.Lo más preocupante, sin embargo, no es la maniobra política en sí, sino su mensaje: que quien ostenta el poder puede torcer las reglas a su favor sin consecuencia alguna. Pero el fútbol no es propiedad de nadie. Pertenece a sus jugadores, a sus entrenadores, a sus clubes, a sus aficionados, y, sobre todo, a sus jóvenes, que hoy lo miran con ilusión… o decepción.La figura de Teodomiro Nze Mangue, respaldada por amplios sectores del fútbol nacional, representa una oportunidad para limpiar la imagen de la FEGUIFUT, reconducir el rumbo del deporte y devolverle la dignidad que merece. Ignorar esa posibilidad es prolongar una etapa marcada por el descrédito y el estancamiento.El fútbol necesita reglas claras, procesos transparentes y líderes que representen algo más que su propio interés. La pelota debe volver a rodar con ética. Porque sin juego limpio dentro de la casa, no habrá victoria que celebre el país entero.
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