El 1 de diciembre de 2025, las pantallas se encendieron para una nueva cita con la historia de África Central. Desde Malabo, el presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema Mbasogo, presidió —una vez más— con sobriedad y experiencia la VIII Conferencia Extraordinaria de la CEEAC, centrada en el fortalecimiento del Consejo de Paz y Seguridad (COPAX). No fue un gesto menor. En un continente donde la inestabilidad ha aprendido a vestirse de rutina, cada espacio de encuentro es ya, por sí solo, una afirmación de voluntad.Se habló, como es habitual, de cooperación, de prevención de conflictos, de fortalecer los mecanismos regionales de seguridad. Pero más allá de las fórmulas diplomáticas, hay algo que no pasó desapercibido: la figura del presidente Obiang Nguema, quien —con décadas de experiencia a sus espaldas— vuelve a colocarse como referente de continuidad, equilibrio y prudencia en tiempos donde los liderazgos se tambalean.Su presidencia en ejercicio de la CEEAC no solo aporta un sello de legitimidad institucional. Aporta también el peso de una historia política que, guste o no, ha sabido mantener a Guinea Ecuatorial fuera del colapso que ha arrastrado a otros Estados de la región. Su voz —pausada, simbólica, firme— ha sido escuchada como quien ya no tiene que demostrar nada, pero aún tiene mucho que ofrecer.Los desafíos siguen siendo enormes. África Central camina sobre un terreno frágil donde cualquier paso mal dado puede provocar grietas difíciles de reparar. Pero la esperanza se mantiene viva, y en parte es porque existen figuras que han sabido construir puentes donde otros solo levantan muros.El presidente Obiang no lideró solo una conferencia. Lideró un gesto. Y a veces, en la diplomacia africana, el gesto es el comienzo silencioso de un cambio.*Porque quizás la paz no se impone ni se decreta, pero sí se inspira. Y en África Central, la inspiración aún tiene nombre y rostro.*