En el corazón del barrio San Juan de Malabo se alza un santuario peculiar, lleno de velos blancos, plegarias fervorosas y testimonios de sanación. Su fundadora, *María Trinidad Adjama Ekomo Nzang*, conocida entre sus fieles como *“Nfum-Nzam”*, asegura haber recibido un llamado del Espíritu Santo en el año 2008, cuando aún residía en el barrio Mba Nguema de Bata.Desde entonces, su templo se ha convertido en refugio para decenas de creyentes que buscan alivio al margen de las estructuras religiosas tradicionales. En sus prácticas se mezclan lo divino con elementos que, para muchos, rozan lo místico y lo ancestral. Se habla de visiones, curaciones, profecías y rituales que no figuran en ningún catecismo católico. Sin embargo, el fenómeno avanza… sin freno ni oposición visible.El fenómeno invita a reflexionar no solo sobre la práctica en sí, sino sobre la responsabilidad de las instituciones religiosas en orientar, formar y acompañar a los fieles. ¿Puede la Iglesia permanecer callada ante prácticas que la rebasan? ¿Qué ocurre cuando el pueblo busca respuestas fuera de los canales oficiales?Quizás no se trata de condenar, sino de hablar. De orientar. De aparecer. Porque la fe sin guía, en tiempos de necesidad, puede volverse terreno fértil para lo incierto.Y en Malabo, ese silencio eclesiástico ya es demasiado elocuente.Y aquí surge la gran incógnita: ¿dónde empieza y hasta dónde llega la autoridad del Arzobispado? ¿Qué rol juega la Iglesia Católica frente a una práctica que se autodenomina cristiana, pero que contradice abiertamente muchos de sus principios?El silencio de las instituciones eclesiásticas ha sido notorio. Algunos inspectores eclesiásticos que visitaron el lugar hace años optaron por la discreción. Nadie ha hablado públicamente. Nadie ha aclarado si existe alguna investigación, advertencia o postura oficial. Este vacío ha alimentado especulaciones: ¿existe alguna protección silenciosa? ¿Se está ignorando el fenómeno por temor a escándalos? ¿O se está permitiendo por conveniencia?Mientras tanto, el santuario de “Nfum-Nzam” sigue creciendo. Atrae fieles, reparte palabras de consuelo y despierta emociones intensas. Pero también genera inquietud. Porque en un contexto donde la fe se mezcla con la vulnerabilidad social, el riesgo de manipulación espiritual siempre está presente.