*De “América Primero” a “Reconstruir Venezuela”: El giro incómodo de Trump*

La política exterior estadounidense ha sido, históricamente, un campo de ambigüedades, intereses ocultos y discursos grandilocuentes. Pero el reciente anuncio de Donald Trump sobre su intención de “reconstruir y gobernar Venezuela” marca un giro que raya en la ironía histórica. El mismo presidente que levantó la bandera de un aislacionismo feroz con su eslogan “America First”, hoy parece mirar hacia el sur con ambiciones intervencionistas revestidas de redención.Trump, que en su primer mandato mostró poco interés en los destinos del hemisferio sur más allá de sanciones y retóricas incendiarias, ahora aparece como un redentor del país caribeño. Pero, ¿a qué responde este viraje?El relato de “reconstrucción” encierra ecos de otras “misiones civilizadoras” promovidas por EE.UU. bajo el manto de la democracia: Irak, Afganistán, Libia… Y todas con resultados desastrosos. Venezuela, devastada por una crisis multidimensional, sí necesita reconstrucción, pero no bajo el guion de Washington, sino a través del empoderamiento real de su pueblo.Resulta contradictorio que un líder que critica la inmigración, que cerró fronteras y alentó discursos de exclusión, hable ahora de gobernar otro país. ¿Qué soberanía es esa que se promete restaurar quitando al pueblo el derecho a decidir?Venezuela no es solo una crisis humanitaria, también es una de las mayores reservas de petróleo del mundo. En un año electoral, Trump necesita reposicionar su figura fuerte y “salvadora”, especialmente ante votantes conservadores y sectores empresariales con intereses en recursos estratégicos.Como bien apunta Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC, esta promesa abre un sendero repleto de contradicciones. ¿Cómo justificar ante el electorado el uso de recursos públicos para “reconstruir” un país extranjero? ¿Cómo defender esta nueva narrativa sin caer en las mismas lógicas imperialistas que Trump tanto criticó de sus antecesores?El caso venezolano merece una solución profunda, legítima y soberana. La verdadera ayuda debe nacer del respeto, no de la imposición. Y Trump, una vez más, parece más preocupado por la escena global como tablero de campaña que por los pueblos que dice querer salvar.

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