Hay momentos en la historia donde la realidad parece obedecer a guiones escritos mucho antes, no por profetas, sino por guionistas. La reciente captura del presidente Nicolás Maduro y la proyección política de Delcy Rodríguez como eventual jefa de Estado han reactivado una inquietante interrogante: ¿es la ficción un ensayo anticipado de la política internacional? Y más aún: ¿es Hollywood el laboratorio narrativo de la geoestrategia global?En la segunda temporada de la serie estadounidense Jack Ryan, producida en 2019, una Venezuela ficticia se convierte en el centro de una trama geopolítica: colapso institucional, represión brutal, presos políticos en la selva, militares descontentos y una intervención silenciosa desde el exterior. Al final, una mujer asciende al poder como rostro de una nueva legitimidad. El paralelismo con los hechos actuales es más que literario. Es inquietante.No se trata de un simple ejercicio de coincidencia. La ficción, sobre todo la construida desde los grandes centros de poder mediático, tiene una función más profunda: educar emocionalmente, habituar, moldear el inconsciente colectivo. Mostrar como posible —y deseable— aquello que aún no ocurre, pero que se quiere que ocurra.Desde la Doctrina Monroe hasta la “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha legitimado muchas de sus intervenciones políticas con el poder del relato. Un relato que no nace en los comunicados oficiales, sino en las tramas de Netflix, en los arquetipos heroicos de la CIA, en la estética de la salvación y la liberación con bandera estrellada.¿Es Delcy Rodríguez la figura real que encarna ese guion ficticio? ¿Fue Jack Ryan un ensayo dramático para legitimar, sin decirlo, una futura intervención? Tal vez no haya respuestas absolutas. Pero sí hay una tendencia histórica. En la era del soft power, el entretenimiento no solo distrae: orienta. Prepara. Condiciona.Venezuela ha sido durante años un tablero simbólico. Lo que allí ocurre no solo redefine el mapa latinoamericano; redefine también el papel que Estados Unidos quiere volver a jugar en su “patio trasero”. Y si la narrativa ya estaba escrita —aunque fuera como serie—, lo que ahora vemos no es solo política: es una escenificación geoestratégica con actores reales.La caída de Maduro no es solo un hito político. Es una escena. Y como toda escena, tenía un libreto. La gran pregunta es: ¿quién lo escribió?
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