Los Presupuestos Generales del Estado para el ejercicio económico 2026 marcan un punto de inflexión en el modelo de gestión pública de Guinea Ecuatorial. No se trata solo de una herramienta contable, sino de una hoja de ruta política que responde a un contexto de reformas, retos sociales y reconfiguración institucional.Desde el plano económico, el documento refleja un esfuerzo de disciplina fiscal y de reordenación del gasto. En un entorno internacional complejo, con efectos residuales de las crisis geopolíticas en Europa, América y Oriente Medio, el Estado ecuatoguineano apuesta por una política de contención, manteniendo el equilibrio presupuestario sin descuidar los sectores sensibles. El fortalecimiento de los ingresos no petroleros, y la apertura al sector privado, se plantean como pilares para construir una economía menos dependiente del crudo y más diversificada.En su mensaje de fin de año, el Presidente Obiang Nguema Mbasogo fue categórico: “No se tolerará ningún ápice de desvío económico. Los cargos públicos están para servir al pueblo, no para servirse de él”. Estas palabras no son solo una declaración moral, sino una advertencia política. Por ello, la inclusión de la Comisión Nacional de Supervisión Presupuestaria y el refuerzo del control del gasto reflejan la voluntad del Ejecutivo de dotar al sistema de mecanismos de vigilancia reales.En el eje social, se mantiene el foco en sectores estratégicos como la educación, salud, protección social e infraestructuras, mostrando un compromiso con el bienestar ciudadano. Pero también se percibe una invitación implícita a la corresponsabilidad: al sector empresarial, para invertir; a la juventud, para formarse; y a las instituciones, para actuar con ética.Estos presupuestos, por tanto, no solo distribuyen recursos. Intentan—en palabras del propio Presidente—, consolidar lo sembrado y garantizar un futuro mejor. El desafío no es pequeño, pero hay señales que permiten una lectura positiva: un liderazgo que denuncia la corrupción, una administración que busca modernizarse y un país que se prepara para reordenar su geografía política con el traslado progresivo a Djibloho.Guinea Ecuatorial entra en 2026 con más conciencia de sus debilidades, pero también con una arquitectura financiera que puede —si se ejecuta con responsabilidad— marcar el inicio de un nuevo ciclo económico y social.
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