Home Salud y Bienestar *Cuando el mar devuelve el silencio: las ballenas muertas de Mbini como advertencia ambiental*

*Cuando el mar devuelve el silencio: las ballenas muertas de Mbini como advertencia ambiental*

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*Cuando el mar devuelve el silencio: las ballenas muertas de Mbini como advertencia ambiental*Hay imágenes que golpean más que cualquier discurso político. Doce ballenas —o más— varadas y muertas sobre la arena de Egombegombe, en la costa de Mbini, no son solo un episodio triste de la naturaleza: son un espejo incómodo que nos obliga a mirar de frente nuestra relación con el mar.El océano no arroja ballenas a la playa por casualidad. Cuando lo hace en grupo, casi siempre hay una historia detrás: ruido submarino, contaminación, redes de pesca, tráfico marítimo, cambios bruscos de temperatura, enfermedades o alteraciones del ecosistema. En cualquier caso, el mensaje es claro: algo no está funcionando bien.Y ese “algo” nos incluye.Mbini no es solo un punto en el mapa. Es una de las zonas con mayor potencial turístico y ecológico de Guinea Ecuatorial. Sus playas vírgenes, la desembocadura del río Wele, la riqueza marina y la posibilidad de desarrollar turismo sostenible la convierten en una joya natural todavía poco explotada. Pero la naturaleza no es un decorado infinito. Es frágil. Y cuando se rompe, lo hace de manera visible y dolorosa.Las ballenas muertas no son únicamente un problema biológico; son un síntoma social.Porque detrás de cada varamiento masivo suele haber fallas humanas:pesca industrial sin control, vertidos, plásticos, falta de vigilancia ambiental, ausencia de protocolos de rescate de fauna marina o, simplemente, desinterés institucional. Durante años hemos visto el mar como vertedero, como despensa inagotable o como frontera sin dueño. Ahora el mar responde.Y responde con cadáveres.Desde el punto de vista turístico, el impacto también es devastador. Ningún destino puede consolidarse como paraíso costero si sus playas aparecen asociadas a mortandad animal y degradación ambiental. El turismo del futuro —el que genera empleo local, inversión y desarrollo real— es ecológico y responsable. No se construye sobre ecosistemas enfermos.La pregunta incómoda es inevitable:¿tenemos planes de monitoreo marino?¿existen brigadas ambientales preparadas para investigar varamientos?¿hay control sobre redes de pesca fantasma, tráfico marítimo o contaminación costera?Si la respuesta es no, entonces estas ballenas no son una tragedia aislada, sino una advertencia.El problema en Guinea Ecuatorial, como en muchos países africanos costeros, es que la política ambiental suele reaccionar tarde. Solo actuamos cuando la catástrofe ya está en la playa. Falta prevención, ciencia, inversión y educación comunitaria. Proteger el mar no es un lujo ecológico; es una estrategia económica. Sin biodiversidad no hay pesca. Sin playas limpias no hay turismo. Sin ecosistemas sanos no hay futuro.Quizá por eso la imagen de las ballenas debería convertirse en un punto de inflexión.No basta con retirarlas de la arena y seguir como si nada. Hace falta investigar las causas, publicar los resultados, fortalecer la vigilancia marítima, trabajar con pescadores, prohibir prácticas dañinas y crear protocolos de respuesta rápida. Hace falta convertir la tragedia en política pública.El mar de Mbini nos está hablando.La cuestión es si vamos a escucharlo o, como tantas veces, esperaremos a que la próxima marea nos traiga otra señal más dolorosa.

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