Home Sin categoría *La visita que prepara algo más que una agenda: el país ante el espejo del Papa*

*La visita que prepara algo más que una agenda: el país ante el espejo del Papa*

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La delegación del Vaticano ya regresó a Roma. Dos días de recorridos, inspecciones técnicas y reuniones discretas bastaron para cerrar una etapa clave de la organización de la próxima visita del Santo Padre a Guinea Ecuatorial. Sobre el papel, se trató de una misión logística: evaluar espacios, revisar protocolos, medir tiempos y coordinar infraestructuras. Sin embargo, lo que deja tras de sí va mucho más allá de planos, rutas y cronogramas.Porque cuando el Vaticano se desplaza, no solo examina edificios; también observa la fé.La visita papal no es un acto cualquiera dentro del calendario institucional. Es un acontecimiento que, inevitablemente, coloca al país bajo una luz distinta. De pronto, todo importa: cómo se recibe, cómo se organiza, cómo se presenta la nación ante el mundo. Y en ese ejercicio de preparación, Guinea Ecuatorial termina mirándose a sí misma.¿Estamos listos solo en lo material o también en lo humano?Las autoridades afinan detalles de seguridad, transporte y protocolo. Es necesario. Pero sería un error reducir la visita a una cuestión de imagen. La historia reciente demuestra que los viajes del Papa suelen convertirse en momentos de interpelación moral y social. Sus discursos, casi siempre, apuntan menos a los palacios y más a la calle; menos al poder y más a los creyentes. Y ahí es donde el acontecimiento cobra otra dimensión.Guinea Ecuatorial es un país profundamente creyente. Las iglesias se llenan, las procesiones movilizan barrios enteros y la fe forma parte de la vida cotidiana.La visita del Pontífice puede convertirse entonces en algo más que una ceremonia solemne. Puede ser una oportunidad para escuchar —de verdad— lo que la sociedad necesita.No se trata solo de mostrar carreteras asfaltadas o edificios relucientes. Se trata de preguntarnos qué mensaje queremos que encuentre el Papa cuando mire a nuestro pueblo:

El regreso de la delegación vaticana marca el fin de la fase técnica, pero abre una etapa más profunda, casi íntima. Es tiempo de coordinación institucional, sí, pero también de preparación social y espiritual. Las parroquias, las comunidades, los jóvenes y las familias deberían sentir que esta visita les pertenece, que no es un evento lejano reservado a autoridades y protocolos.Porque el verdadero éxito no se medirá en la perfección del itinerario, sino en la huella que deje en la conciencia colectiva.Al final, la llegada del Papa no transforma un país por decreto. Lo que transforma es la disposición de su gente a escucharse, a corregir rumbos y a apostar por una sociedad más justa y solidaria.La delegación ya entregó su informe en Roma. Ahora el trabajo más importante se queda aquí. Y ese no aparece en ningún plano logístico: se construye en la manera en que decidamos, como país, estar a la altura del mensaje que vendrá.

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