La imagen de progreso que proyectan las grandes infraestructuras suele esconder historias menos visibles. Esta semana, la construcción del Hotel Sofitel en Malabo —uno de los proyectos hoteleros más ambiciosos del país— ha quedado paralizada. No por falta de materiales ni por retrasos técnicos, sino por una razón más básica y más humana: los trabajadores no han cobrado.Los obreros decidieron suspender sus actividades hasta que se les abonen los salarios pendientes. Una medida que no nace del conflicto, sino de la necesidad. “Hoy es 11 del mes y muchos de nosotros tenemos familias que alimentar, además de gastos como la vivienda y la alimentación”, relató uno de ellos con la sencillez de quien no reclama privilegios, sino derechos elementales.El contraste es inevitable. Mientras la estructura del hotel promete lujo, turismo de alto nivel y desarrollo económico, quienes levantan sus cimientos viven en la incertidumbre diaria de no saber cuándo cobrarán su trabajo. Es la paradoja de muchos proyectos emblemáticos: se invierte en la imagen del futuro, pero se descuida la dignidad del presente.El impago salarial no es solo un problema administrativo; es un asunto social. Cuando un trabajador no recibe su sueldo, no solo se afecta su bolsillo, sino toda una cadena familiar. Se retrasan alquileres, se vacían despensas, se interrumpen estudios y se acumulan deudas. En contextos donde gran parte de la población vive del ingreso mensual, cada día sin cobrar se convierte en una urgencia.Además, estas situaciones erosionan la confianza en el sector de la construcción y en la gestión de grandes proyectos. Ninguna obra que aspire a representar modernidad puede sostenerse sobre condiciones laborales precarias. El desarrollo real no se mide únicamente por la altura de los edificios o la categoría de las marcas internacionales que llegan al país, sino por el respeto a los derechos de quienes los hacen posibles.La paralización de la obra del Sofitel debería servir como llamada de atención. Si Guinea Ecuatorial apuesta por el turismo, la inversión extranjera y la proyección internacional, debe garantizar primero estándares laborales claros, pagos puntuales y mecanismos de protección para los trabajadores. De lo contrario, el progreso será solo fachada.Porque antes que huéspedes, estrellas y recepciones de lujo, hay manos que mezclan cemento, levantan muros y sostienen el peso del proyecto. Y esas manos, sencillamente, merecen cobrar por su trabajo.
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