Alrededor de 25 personas han muerto en un ataque perpetrado por personas armadas no identificadas contra una localidad situada en el estado nigeriano de Adamawa, en medio del aumento de la inseguridad en el país, escenario durante los últimos meses de un repunte de los ataques por parte de yihadistas y bandas criminales.
Tras el ataque, el pueblo quedó sembrado de cadáveres, mientras que casas, tiendas y lugares de culto ardían en llamas. Muchos de los fallecidos eran personas mayores.
Aunque Boko Haram no ha reivindicado la responsabilidad del ataque, Amnistía Internacional cree, basándose en el análisis del patrón del ataque así como en la información recogida de los supervivientes, que el ataque se ajusta al patrón de los métodos y objetivos del grupo.