Al menos 16 personas, incluidos cinco agentes de Policía, han muerto en una serie de atentados perpetrados durante las celebraciones de Pascua en cuatro estados diferentes de Nigeria, principalmente en el norte del país.
El ataque más mortífero ha tenido lugar en el estado de Benue, situado en el sudeste nigeriano, donde supuestos pastores armados asaltaron varias localidades y mataron a diez personas, hiriendo a varias más y obligando a desplazarse a los residentes locales.
El noreste de Nigeria es el epicentro de las actividades de Boko Haram y su escisión, Estado Islámico en África Occidental (ISWA), si bien durante los últimos años la inseguridad se ha extendido a otras zonas del norte y el noroeste, haciendo saltar las alarmas sobre la posible expansión de redes y bandas criminales, con su consiguiente impacto sobre la población civil.