Espacio publicitario disponible

CONTACTANOS: +240 222 235 540

Home Actualidad «41 AÑOS ROBADOS:LA LIBERTAD TARDÍA DE DOUGLASCARTER» . Por Mtr Juan Santos ENGONGA MBA-Ekos Noticias de Noticias

«41 AÑOS ROBADOS:LA LIBERTAD TARDÍA DE DOUGLASCARTER» . Por Mtr Juan Santos ENGONGA MBA-Ekos Noticias de Noticias

0 comments 6 views

                          Liberan a Douglas Carter. A los 71 años. Después de 41 años en el corredor de la muerte.

La frase debería ser una buena noticia. Pero es una bofetada a la justicia.

Carter fue condenado a muerte en 1985 en Utah, por el asesinato de Eva Olesen, tía del jefe de policía de Provo. No había ADN. No había huellas. No había arma que lo vinculara. Había dos cosas: una confesión firmada en Nashville, a mil kilómetros de la escena, que él siempre dijo que fue bajo coacción policial, y el testimonio de un matrimonio, Epifanio y Lucía Tovar, que en 2011 confesaron que la policía les pagó el alquiler, el teléfono y les amenazó con depositarles a ellos y a su hijo si no mentían contra él.

Ahora, 41 años después, la ciencia que en 1985 no existía ha hablado: el ADN encontrado en la sangre del pomo de la puerta y en el mango del cuchillo del crimen no es de Carter.

Por eso el Tribunal Supremo de Utah, citando «graves faltas» y «mala conducta intencional» de policías y fiscales, anuló la condena y ordenó un nuevo juicio. Y un juez lo ha puesto en libertad bajo fianza con la tobillera electrónica mientras espera ese juicio en 2026.

Su abogado Neal Hamilton lo resumió en una frase que debería colgarse en todas las facultades de Derecho del mundo: El Estado le robó 41 años de su vida y lo sometió a los horrores del corredor de la muerte durante más de 40 años, pero esta noche por fin está en casa.

Este caso no es americano. Es universal. Y nos toca muy de cerca.

Nos obliga a preguntarnos tres cosas:

  1. ¿Cuánto vale una confesión? En Guinea Ecuatorial, como en Utah en 1985, seguimos creyendo que si alguien firma, es culpable. El caso Carter demuestra que una confesión obtenida con miedo no vale nada. Sin prueba científica, no hay justicia.
  2. ¿Quién vigila al vigilante? Cuando la víctima es familiar de un jefe de policía, la presión por encontrar un culpable es enorme. Y cuando el acusado es un hombre negro, pobre, sin abogado potente, el sistema lo tritura. Los Tovar fueron comprados. ¿Cuántos Tovar tenemos nosotros en juicios donde el poder necesita un culpable rápido?
  3. ¿Se puede devolver una vida? Carter salió con 71 años. Entró con 30. No tiene juventud, no tiene carrera, no tiene salud mental. El Estado le quitó todo. Y ahora le dicen «te liberamos bajo fianza». La familia de la víctima, con todo el dolor, dice que la falta de ADN «no significa que no estuviera allí». Tienen derecho al dolor. Pero el Estado no tiene derecho a mantener a un hombre 41 años en una celda de 2×2 esperando la inyección letal, sin una sola prueba física que lo ate al crimen.

Si Utah lo hubiera ejecutado hace 20 años, como querían, hoy estaríamos hablando del asesinato de un inocente por parte del Estado. Y eso sería irreversible.

Por eso, la libertad de Douglas Carter no es una historia de final feliz. Es una historia de terror con un final a medias. Nos recuerda que la pena de muerte no tiene botón de deshacer.

Y que cada vez que aplaudimos una condena rápida sin pruebas, estamos a un paso de fabricar nuestro propio Douglas Carter.

Sigue el canal de Ekos de Noticias en Whatsapp.

Elije tu idioma »
Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?
-
00:00
00:00
Update Required Flash plugin
-
00:00
00:00