Tras la dolorosa eliminación del Nzalang Nacional en la fase de grupos de la CAN 2025, el exportero internacional Felipe Ovono alzó la voz en el programa “CAN Fans Club” de la televisión nacional. Lo que parecía una intervención de análisis deportivo se convirtió en una denuncia abierta sobre la mala gestión del fútbol en Guinea Ecuatorial.Ovono habló con claridad: falta de estructura, ausencia de una liga nacional funcional, abandono del fútbol base, politización de la federación y ausencia de planificación. En lugar de provocar una reflexión colectiva o una autocrítica desde los estamentos responsables, sus palabras desataron amenazas y presiones que hoy él mismo ha hecho públicas.Que un exjugador que ha representado al país con dignidad en competiciones internacionales reciba amenazas por expresar la realidad, es una señal de alarma. Y confirma lo que muchos piensan en silencio: que el fútbol nacional vive atrapado entre la desorganización y la intolerancia a la crítica.Ovono no insultó, no difamó. Solo describió lo que salta a la vista: un fútbol que camina sin brújula, sostenido por la improvisación y el miedo a ser señalado.Sus palabras no deberían ser castigadas, sino escuchadas. Porque si el deporte no puede ser espacio para la verdad, entonces está condenado a la mediocridad. Hoy, Felipe Ovono representa algo más que a un arquero retirado. Es la voz de una generación frustrada que pide dignidad, transparencia y futuro para el fútbol ecuatoguineano.
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