La reciente reunión celebrada en el Centro Cultural Ecuatoguineano por la Asociación Deportiva Ecuatoguineana de Discapacitados Físicos, bajo la supervisión del Comité Paralímpico de Guinea Ecuatorial, trasciende el simple carácter organizativo. No fue únicamente una convocatoria técnica para preparar los próximos Juegos Nacionales en Ebibeyin; fue, sobre todo, una llamada a la responsabilidad colectiva y al protagonismo social de las personas con discapacidad.
Cuando la coordinadora pidió a los miembros del gremio que presentaran una lista indicando la disciplina deportiva que practican, no estaba solicitando un mero trámite administrativo. Estaba sembrando las bases de algo mayor: orden, planificación y visión de futuro. Un deporte adaptado estructurado no solo compite; se posiciona, se proyecta y construye nación.
El planteamiento es claro: organizarse hoy para competir mañana, y competir mañana para representar al país en escenarios internacionales. La consolidación de un equipo nacional no es un sueño lejano, sino una posibilidad real si existe compromiso, disciplina y apoyo institucional. Pero más allá de las medallas, lo que está en juego es la narrativa social sobre la discapacidad.
Durante demasiado tiempo, la discapacidad ha sido asociada en muchos contextos a la dependencia o la invisibilidad. El deporte rompe esa narrativa. En la pista, en la cancha o en el terreno de juego no hay espacio para etiquetas reductoras; hay esfuerzo, talento y superación. Por eso el llamado realizado durante el encuentro —que sean las propias personas con discapacidad las primeras en involucrarse— tiene un profundo significado social. La inclusión no puede ser solo un discurso institucional; debe ser una decisión consciente de quienes protagonizan esa realidad.
El reto, sin embargo, no recae únicamente en los atletas. La sociedad ecuatoguineana tiene la responsabilidad de acompañar este proceso con recursos, visibilidad mediática y reconocimiento público. El deporte adaptado no debe ser visto como una actividad paralela, sino como parte integral del desarrollo deportivo nacional.
Si los Juegos Nacionales previstos en Ebibeyin logran convertirse en un escaparate del talento y la capacidad de nuestros deportistas con discapacidad, estaremos ante algo más que un evento competitivo. Estaremos ante un paso firme hacia una sociedad más justa, donde la diferencia no sea un límite, sino una fuerza transformadora.
El momento es ahora. Organizarse, entrenar, participar y creer. Porque cuando las personas con discapacidad asumen el liderazgo de su propia representación, no solo compiten: redefinen el concepto mismo de capacidad.