En el banquillo de los debates futboleros nacionales, el nombre de *Federico Bikoro* ha vuelto a ocupar la primera fila. Su *ausencia en la convocatoria de Micha para la CAN Marruecos 2025* ha levantado una tormenta de opiniones, de esas que se gestan más desde la emoción que desde el análisis.Muchos recuerdan —y con razón— que *Bikoro fue uno de los pocos que no dio la espalda a la camiseta nacional* en aquel polémico partido contra Liberia, cuando la plantilla protestaba en bloque en solidaridad con el cuerpo técnico. Él jugó. Él se entregó. Y eso, en el imaginario popular, parece bastar para consolidarlo como *símbolo de lealtad*.Pero el fútbol, como la vida misma, no siempre se mueve por afectos. Y *olvidan —intencionadamente o no— que desde la llegada de figuras como Omar Mascarell y Pedro Obiang*, el centro del campo del *Nzalang Nacional* ha ganado experiencia, control y visión táctica. Y sí, *la «indiscutibilidad» de Bikoro comenzó a diluirse*, como ocurre en todas las selecciones que crecen, se transforman y miran al futuro.Entonces, ¿es Micha rencoroso? ¿O simplemente toma decisiones técnicas, duras pero necesarias, para perfilar una selección competitiva? Hay quienes, desde las gradas y los micrófonos, prefieren leerlo como vendetta personal. Pero tal vez sea solo evolución deportiva.Al final, lo que está en juego no es el ego de nadie, sino la identidad futbolística de un país. Y esa, como el mediocampo, también necesita equilibrio.¿Es olvido? ¿Justicia táctica? ¿Memoria emocional? El debate está servido.Y si apelamos al argumento de “lealtad” como criterio para la convocatoria, habría que extenderlo a todos. Y ahí es donde el relato se tambalea.Porque *en ese mismo partido contra Liberia*, además de *Federico Bikoro*, también jugaron *Santiago Eneme, Nlavo, Nabil y Zapunga*. Y todos ellos *han sido convocados* para la CAN Marruecos 2025 sin que se cuestione su inclusión ni se alce la voz en su defensa por haber “dado la cara” en aquel momento.Entonces, ¿por qué Bikoro se convierte en símbolo de la traición ignorada y los demás no? ¿Es realmente una cuestión de justicia deportiva o simplemente un revuelo mediático sin base sólida, alimentado por emociones selectivas y lecturas parciales?El fútbol, como espacio de memoria colectiva, tiende a fijarse en gestos heroicos más que en rendimientos tácticos. Pero un seleccionador no convoca por gestos, sino por equilibrio, presente y proyección. Lo que queda claro es que hay más narrativa que análisis. Y quizá, más necesidad de polarización que voluntad de entender.¿Justicia para todos o solo ruido mediático? La respuesta sigue, como siempre, en el césped.
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