El anuncio de este jueves ha provocado un descontento.
Su ausencia constituye la fría venganza por aquella decisión. Mientras un bloque de jugadores, encabezado por Emilio Nsue, se negaba a jugar el crucial partido ante Liberia por desavenencias, Bikoro respondió a la llamada de su país. No solo jugó, sino que capitaneó al equipo y firmó un espectacular gol en el estadio de Malabo.
Bikoro ha asumido con dignidad su ausencia, deseando públicamente el éxito a sus compañeros. Pero su silencio elocuente y la insostenible explicación oficial dejan al descubierto una herida aún abierta en el corazón de la selección.
La convocatoria de Micha, deja una sombra de duda. La exclusión de Bikoro no es solo la baja de un futbolista. Es el síntoma de una fractura que, si no se sana, podría costarle muy caro al sueño de todo un país en la CAN 2025.