Cuatro testimonios, inspiraron la reflexión del Papa en la Basílica de Nuestra Señora de África, en su encuentro con la comunidad argelina.
Oración, caridad y unidad fueron las tres palabras usadas para recordar que frente al odio y a la violencia, los mártires argelinos, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida. De allí el llamamiento a difundir la hermandad, inspirando en los otros sentimientos y deseos de comunión y de reconciliación.
“En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. Estas palabras del Papa León XIV durante el encuentro con la comunidad de argelinos, reunidos en la basílica de Nuestra Señora de África, signo y patrimonio de unión entre musulmanes y cristianos, sirvieron para subrayar que, en un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, el ejemplo de las comunidades e incluso en las familias de Argelia, su forma de vivir juntos, unidos y en paz, es un gran signo, como el de los mártires que sin pretensiones y sin clamor, sino con serenidad y firmeza han puesto su confianza en el Señor.
El Santo Padre entró en la Basílica de Nuestra Señora de África que, desde la cima de una colina, con el mar del fondo, en el centro de Argel, surge como recinto de una estatuilla de bronce de la Virgen María que, en 1840, fue regalada al primer obispo de Argel. Cuánta historia de conflictos, terremotos, devoción y trabajo perfilaron en esta edificación de estilo bizantino, donde se venera una estatua de la Virgen Negra, se reza en las dos capillas dedicadas a San Agustín y a su madre, Santa Mónica, y lugar donde se rinde homenaje a los diecinueve mártires de Argelia, asesinados en los años 90 del siglo XX.
Que desde Argelia haya partido el Evangelio hacia muchos países del continente, que 9 de cada 10 personas que cruzan el umbral de la basílica de Nuestra Señora de África, considerada patrimonio y orgullo del país, son de religión musulmana, que una inscripción reafirme esta fraternidad: “Recen por nosotros y los musulmanes”, fueron solo algunos de los aspectos tocados por el arzobispo. “La vocación de esta basílica – aseguró Vesco – que recoge tantas confidencias y acoge tantas manifestaciones culturales o religiosas, son sobre todo las piedras vivas de una Iglesia mosaico” compuesta por varias decenas de nacionalidades, de otras comunidades cristinas, migrantes y presos».
Raíces profundas, signos creíbles de comunión, diálogo y paz“Argelia tiene raíces muy profundas” – afirmó León XIV al abrir su discurso con la comunidad de fieles argelinos – son herederos de una multitud de testigos que han dado la vida, impulsados por el amor a Dios y al prójimo, en particular, los diecinueve religiosos y religiosas mártires de Argelia, cuya sangre “es una semilla viva que nunca deja de dar fruto”.Son también herederos, recordó el Pontífice, una tradición que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, donde “resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos”. Una memoria que es “una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz”.
: “Encontrémonos como una sola familia, la paz nace de la justicia”En representación de la comunidad argelina reunida en la basílica de “Madame l’Afrique”, cuatro personas compartieron sus experiencias con el Papa. Y fueron precisamente estos testimonios los que dieron el marco de la reflexión de León XIV, centrada, como él mismo anunció, sobre tres aspectos de la vida cristiana; la oración, la caridad y la unidad.Un momento del encuentro del Papa con la comunidad argelina en la Basílica de Nuestra Señora de África.
La oración:
Todos la necesitamos“El hombre no puede vivir sin orar, así como no se puede vivir sin respirar”: Esta frase de su predecesor san Juan Pablo II, para León XIV era un modo de “presentar el diálogo con Dios como un elemento indispensable no sólo para la vida de la Iglesia, sino también para la de cada persona”. Algo que según el Pontífice había comprendido también san Carlos de Foucauld, que había reconocido su vocación a ser presencia orante, pero además un aspecto resaltado por Emmanuel-Ali, laico y guía de la basílica Notre Dame d’Afrique, en su testimonio, al comentar las numerosas personas que visitan el templo para orar en silencio, presentar y encomendar al Señor sus preocupaciones y a las personas que aman. La oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce. El Papa en Argelia: El futuro pertenece a los hombres y mujeres de paz13/04/2026El Papa en Argelia: El futuro pertenece a los hombres y mujeres de pazFrente al odio y a la violencia, fieles a la caridadAl hablar de la caridad, el Santo Padre se refirió al testimonio de Sor Bernadette, de las hermanas de Notre-Dame du Lac Bam, en la diócesis de Laghouat (Ghardaïa), quien compartió su experiencia de asistencia a los niños con discapacidad y a sus padres. Un relato, en el que León XIV, reconoce el valor de la misericordia y del servicio no sólo como ayuda a los más frágiles, sino sobre todo como lugar de gracia, en el que cualquiera que se deje involucrar crece y se enriquece. Un ambiente sano y sanador el de una comunidad de amor fraterno, que hace recordar el testimonio de los mártires.“Frente al odio y a la violencia, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida, junto con tantos otros hombres y mujeres, cristianos y musulmanes. Lo hicieron sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera, porque sabe en quién ha puesto su confianza”.