La lucha por el liderazgo de la ONU está adquiriendo un cariz cada vez más político. Los días 21 y 22 de abril, la Asamblea General escuchó a cuatro de los principales candidatos al puesto de Secretario General: Rafael Grossi, Rebeca Grynspan, Michelle Bachelet y Macky Sall. Pero más allá de las preguntas habituales sobre conflictos internacionales, cambio climático y finanzas de la ONU, ha surgido con fuerza otro tema: la silenciosa guerra de las lenguas dentro del sistema multilateral.
Más allá de los perfiles de los candidatos, esta contienda revela una división más profunda: ¿quién controlará las normas del multilateralismo del mañana?
En Nueva York, la cuestión lingüística se está convirtiendo en un instrumento de influencia geopolítica.