¿PARA QUÉ SIRVE IR A LA ONU SÍ YA TODO ESTÁ DECIDIDO?

Apertura de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas

Por: M.P.I Juan Santos ENGONGA MBA._ Ekos de Noticias

Empieza otro septiembre, otra alfombra azul, otras fotos de familia en Nueva York. Empieza la 81ª edición de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y la pregunta que ningún protocolo se atreve a pronunciar es la única que importa: para qué siguen asistiendo los países pobres? Llevamos ochenta y un años escuchando la misma mentira.

Que la ONU es la casa de todos, que todos los votos valen igual, que aquí se escucha al grande y al pequeño. Mentira.Las Naciones Unidas no son de las naciones. Son de cinco. Y sobre todo, de una: Estados Unidos.Es Washington quien decide qué es democracia y qué no, qué es terrorismo y qué no, qué sanción es legítima y qué invasión es humanitaria. Impone las normas, impone el lenguaje, impone el dólar como arma y el veto como candado. Y cuando las propias resoluciones de la ONU no le convienen, simplemente las ignora. No las respeta ni su creador.

qué autoridad moral tiene un Consejo de Seguridad donde un solo país ha usado su veto más de ochenta veces para enterrar cualquier condena que le incomoda? qué respeto puede exigir una organización que permite que su país anfitrión incumpla fallos de la Corte Internacional de Justicia sin consecuencia alguna?El espectáculo es siempre el mismo.

Los países poderosos del primer mundo pilotan. Escriben el guion, deciden la agenda, dictan lo que es la paz, lo que es el clima, lo que es el desarrollo.Y los países con menos recursos, los que supuestamente la ONU nació para proteger, qué papel juegan? El de comparsas. Van a Nueva York a aplaudir, a asentir, a levantar la mano para aprobar decisiones que nunca fueron consultadas. Van a mendigar un minuto en el podio para denunciar hambre, deuda y cambio climático, mientras los que provocan el hambre, la deuda y el cambio climático miran el móvil.Les piden que vayan a debatir.

Pero qué debate hay si al final no se les escucha? de qué sirve que un presidente africano hable de soberanía alimentaria si al día siguiente el FMI le impone privatizar sus semillas? de qué sirve que un pequeño estado insular hable de la subida del mar si Estados Unidos se sale del Acuerdo de París cuando quiere y vuelve cuando quiere?Es una coreografía humillante.

Los países ricos hablan de ayuda mientras mantienen las reglas del comercio que empobrecen. Hablan de derechos humanos mientras venden armas que violan esos derechos. Hablan de multiculturalismo mientras practican el más crudo unilateralismo.La ONU no necesita más discursos. Necesita igualdad o necesita decir la verdad: que se ha convertido en un club de primeros que exige a los segundos que paguen la entrada con su silencio.Si la 81ª Asamblea va a ser igual que las 80 anteriores — un teatro donde Estados Unidos y sus aliados escriben las leyes que solo los demás deben cumplir — entonces que nos ahorren el pasaje.

Los países menos desarrollados no necesitan un lugar para aplaudir. Necesitan un lugar donde su voz pese lo mismo que su voto.Y hoy, en la ONU, no pesa nada.

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