«PRECINTADOS EN BATA: ENTRE LA HIGIENE Y LA SUPERVIVENCIA» .

Por Mtr Juan Santos ENGONGA _ Ekos de Noticias

La imagen se ha vuelto habitual esta semana en Bata: la cinta roja y blanca de la Delegación de Turismo y Sanidad cruzando la puerta de un bar, un restaurante, una casa de huéspedes. Esta vez no es por impuestos. Es por falta de higiene.

La operación, ejecutada por inspectores de Turismo, Comercio y Sanidad, ha precintado varios establecimientos turísticos y restaurantes muy conocidos de la ciudad. Los motivos que constan en las actas son claros: cocinas con grasa incrustada, alimentos sin refrigeración, baños insalubres, personal sin carnet de manipulador, cucarachas a plena luz, aguas estancadas.Hasta aquí, la noticia es buena.

El Estado hace su trabajo.El principio es indiscutible.Nadie, ni empresario ni cliente, puede defender que se sirva comida en condiciones insalubres. Bata es la capital económica del país, recibe trabajadores, turistas nacionales, delegaciones. Un brote de intoxicación alimentaria o de fiebre tifoidea por un restaurante no es un problema privado, es un problema de salud pública.

Y el derecho del consumidor a comer sin enfermarse está por encima del derecho del dueño a ahorrar en lejía.En ese sentido, la medida debe aplaudirse. Durante años, muchos establecimientos han operado sin control real, amparados en la amistad, en la llamada telefónica, en el «déjalo, es de fulano». Que se inspeccione y se cierre lo que no cumple, es señal de institucionalidad.

Pero la imparcialidad obliga a mirar también la otra cara de la mesa.El contexto también cuenta. Cerrar un restaurante en Bata no es cerrar un restaurante en Cotonou. Para muchos de estos negocios, que son pymes familiares, el precinto es la muerte económica. No hay un protocolo de graduación. No hay, en la mayoría de los casos, un aviso previo formal con plazo de 15 días para corregir, una multa intermedia, una formación obligatoria. Se pasa del cero al cien: de la tolerancia absoluta al precinto.

Y los dueños preguntan, con razón: hay agua corriente garantizada todos los días para mantener la higiene que se exige?hay un sistema de formación accesible y barato para el carnet de manipulador, o hay que ir a buscarlo a Malabo y pagar 150.000 FCFA?hay basureros municipales que recojan a diario los desechos de estos restaurantes, o deben quemarlos detrás del local?Exigir estándares europeos con infraestructuras y acompañamiento de hace 30 años, genera frustración. No justifica la suciedad, pero la explica.Lo que falta es método.Lo que ha pasado en Bata no debe quedarse en una redada de una semana para la foto.

Si es una política de salud pública, debe ser permanente, transparente y justa.Publicar la lista oficial: Qué establecimientos han sido precintados y por qué exactamente. No rumores de WhatsApp. Transparencia.Publicar el baremo: Qué se inspecciona, con qué puntaje, qué sanción corresponde a cada falta. Que el empresario sepa a qué atenerse.Establecer plazos de corrección: Primero advertencia y formación, luego multa, y solo al final el cierre.

El objetivo no es cerrar negocios, es mejorar la higiene.Inspecciones para todos: No solo para el pequeño. Que se inspeccione también a los hoteles de 4 estrellas, a los comedores de las grandes empresas y a los puestos del mercado central. La bacteria no distingue.En conclusión, precintar por falta de higiene es correcto.

La salud no se negocia. Pero hacerlo bien también es parte de la higiene institucional. No basta con cerrar la cocina sucia. Hay que ayudar a que, cuando vuelva a abrir, pueda permanecer limpia.Porque una ciudad limpia no es la que más precinta. Es la que menos necesita precintar.

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