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*Periodismo en Guinea Ecuatorial: ¿oficio de experiencia o profesión de rigor?*

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Por: Hermógenes E._

La paradoja de una ley que abre puertasLa reciente reforma de la ley de prensa en Guinea Ecuatorial ha suscitado un debate que trasciende lo meramente normativo para adentrarse en el terreno de la epistemología profesional.

El articulado que exige, para ejercer el periodismo, «título habilitante o cinco años de experiencia en el sector» plantea una ecuación aparentemente razonable, pero que esconde una peligrosa equiparación: la de la formación académica con la mera acumulación temporal de prácticas, muchas veces carentes de supervisión pedagógica y deontológica.Esta disposición, lejos de profesionalizar el gremio, institucionaliza una realidad que el exministro de Información, Eugenio Nze, defendió con una comparación tan audaz como discutible: «no es mejor abogado el que conoce las leyes». Si aplicamos su lógica al derecho, ¿aceptaríamos que un auxiliar judicial con cinco años de oficio ejerza como abogado sin haber pisado la facultad? La respuesta es evidente, y sin embargo, el periodismo ecuatoguineano parece condenado a ser la excepción que confirma la regla.

El problema de fondo: la confusión entre práctica y profesiónEl periodismo, como la medicina o la jurisprudencia, es una profesión de interés público que exige competencias específicas no transmisibles únicamente por ósmosis laboral. La carrera universitaria proporciona:Fundamentos teóricos sobre teoría de la comunicación, sociología del mensaje y análisis crítico del discurso.Formación ética en códigos deontológicos, principios de verificación y responsabilidad social.Metodologías rigurosas de investigación, contraste de fuentes y tratamiento de datos.La experiencia en una redacción, por valiosa que sea, tiende a reforzar rutinas sin cuestionar sus fundamentos.

Un camarógrafo, un estilista o un locutor pueden adquirir destreza técnica, pero eso no les otorga automáticamente la capacidad de discernir entre información y propaganda, ni de aplicar el principio de doble verificación o el derecho de rectificación.Como bien se ha señalado en otros foros, la nueva ley podría convertirse en un «coladero» para pseudo-periodistas que acceden al sector por vínculos familiares o afinidades políticas, perpetuando así una práctica que ya era criticada en la normativa anterior, vigente desde 1997 y ampliamente desfasada ante los desafíos del ecosistema digital.El contexto nacional: un sector marcado por la endogamiaDurante décadas, los medios de comunicación en Guinea Ecuatorial han funcionado como espacios de reproducción de élites informales. Profesionales de la abogacía, la pedagogía o la ingeniería han ocupado micrófonos y cámaras sin más credencial que su relación con un director de turno o su habilidad para la oratoria.

Muchos estudiantes abandonan la carrera en segundo año y se incorporan a las cadenas públicas, donde la experiencia práctica sustituye —de manera ficticia— la formación interrumpida.

Este fenómeno no es inocente. Responde a una lógica de control: un periodista sin formación crítica es más maleable, menos proclive a ejercer la función de contrapoder que la sociedad le demanda. La desregulación del acceso, lejos de democratizar la profesión, la vuelve más vulnerable a las presiones del poder ejecutivo, que ve en la falta de estándares una oportunidad para alinear el discurso informativo con sus intereses.¿Acumular tiempo es acumular saber?La pregunta es ineludible: ¿cinco años en una redacción equivalen a cinco años en una facultad? La respuesta, desde la pedagogía y la filosofía de la educación, es negativa.

La experiencia sin reflexión es mera repetición; el saber profesional no se adquiere por exposición pasiva, sino por enseñanza sistemática y práctica tutelada.Si aplicamos el mismo criterio a otros campos, el absurdo se hace patente:Un camillero que lleve una bata durante una década no es médico.Un administrativo que archive expedientes no es jurista.Un auxiliar de laboratorio no es investigador.¿Por qué el periodismo habría de ser la única profesión donde la experiencia suple a la titulación? La respuesta no es técnica, sino política: interesa que haya muchos «periodistas» sin conciencia crítica, pero con suficiente oficio para llenar parrillas y emitir boletines.Consecuencias para la calidad democráticaUn periodismo sin formación es un periodismo sin deontología. Y una prensa sin deontología no puede cumplir su misión esencial: informar con verdad, contrastar versiones, dar voz a los sin voz y fiscalizar al poder.

La nueva ley, en su redacción actual, no garantiza ninguna de estas funciones; al contrario, las debilita al legitimar el intrusismo.El anuncio gubernamental de que «artículos clave sobre principios, titulación y prácticas quedaron pendientes de reformulación» abre una ventana de oportunidad para enmendar el rumbo. Pero para que esa ventana no se cierre en falso, es imprescindible que la sociedad civil, los colegios profesionales y las universidades alcen su voz y exijan que el periodismo sea tratado como lo que es: una profesión de alto riesgo y alta responsabilidad, no un oficio menor al que se accede por acumulación de horas.Propuesta y conclusión.

La ley debe ser revisada antes de su entrada en vigor. Propongo tres líneas de acción:Establecer la titulación como requisito indispensable, con un período transitorio que permita a los profesionales en activo sin título acreditarlo mediante programas de formación continua, no por mera antigüedad.Crear un colegio profesional con capacidad sancionadora, que vele por el cumplimiento del código deontológico y evite el intrusismo.Fomentar alianzas con universidades extranjeras para elevar el estándar de los planes de estudio y garantizar que los egresados compitan en igualdad con sus homólogos internacionales.Guinea Ecuatorial necesita periodistas, no meros comunicadores. Necesita profesionales que entiendan el oficio como un servicio a la verdad, no como un escalón para el acomodo personal. La experiencia es valiosa, pero no es suficiente; la formación es costosa, pero es imprescindible.

El país que aspire a una democracia sólida no puede permitirse una prensa de segunda categoría.

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