Eso es obvio. La reconfiguración de los equilibrios estratégicos que se está produciendo ante nuestros ojos llevará tiempo antes de que se establezcan bases sólidas.
Por Andrés-M. Moro Mbá
Ekos de Noticias.
Por ahora, las crisis en Oriente Medio y Ucrania ofrecen puntos de vista privilegiados desde los que observar la actual convulsión.
Sin embargo, estos puntos de vista aún no brindan todas las respuestas necesarias para comprender cómo serán las relaciones internacionales en un futuro próximo.
En lo que respecta al conflicto ruso-ucraniano, los principales actores Moscú y Kiev manifestaron inicialmente su disposición a reanudar las conversaciones para alcanzar una solución negociada, para luego endurecer sus posturas de la noche a la mañana.
Estados Unidos, considerado clave para poner fin a la guerra, dio brevemente pasos en esa dirección, para luego retractarse repentinamente, frustrando toda esperanza.
Respecto a la crisis en Oriente Medio, durante un tiempo Washington y Teherán expresaron su voluntad de detener las hostilidades; inmediatamente después, cuando se esperaba que estuvieran trabajando en este proyecto de apaciguamiento, estadounidenses e iraníes, con una retórica aprendida de memoria, intercambiaron insultos y proyectiles, proclamando a viva voz que estaban dispuestos a luchar.
Mientras tanto, en torno a los BRICS, el llamado Sur global intenta, en la medida de lo posible, avanzar hacia la consolidación de un grupo decidido a prescindir de influencias externas, evitando cuidadosamente romper con sus respectivos aliados tradicionales.
En Europa, si bien aún no se habla de un flechazo ni de una reconciliación tras años de distanciamiento, Canadá y el Reino Unido miran ahora, con bastante razón, hacia Bruselas. El motivo es la frialdad, todavía no severa, pero ya bastante persistente, provocada por los repetidos cambios en la política exterior de su protector histórico, Estados Unidos, que hasta ahora había sido su aliado común.
Una cosa es segura: una explicación para esta creciente incertidumbre es el sesgo de cada bando a favor de sus propios intereses, casi siempre en detrimento del otro.