Por Mtr Juan Santos ENGONGA MBA-Ekos Noticias
Hay tradiciones bonitas. La del abá. La del fin de año en familia. Y luego está la nuestra, la que nadie quiere pero todos celebramos cada tres meses: la falta de combustible.En un país que produce petróleo, que tiene refinería en proyecto desde que éramos niños, que exporta miles de barriles al día, la cola en la gasolinera se ha vuelto parte del folclore.
Ya ni nos enfadamos. Nos reímos. «¿Hay gasolina?» preguntamos como quien pregunta si ha llovido.Y esa normalización es lo más peligroso.Porque el combustible no es un lujo. No es como si faltara champán en el supermercado. El combustible es desarrollo humano.Sin gasolina:El taxista no trabaja y sus hijos no comen ese día.La madre no lleva a su hijo al Hospital porque la ambulancia no tiene diésel.El pescador de Mbini no sale al mar.El estudiante de la UNGE llega tarde al examen porque el bus no circuló.El pequeño negocio que depende del grupo electrógeno cierra.
Entonces, ¿por qué seguimos con el mismo cuento desde 2017?La población ya no pide milagros. Pide respuestas. Y las preguntas son sencillas y directas al responsable:¿Quién gestiona realmente el stock de seguridad? La ley dice que debe haber reserva para 45 días. ¿Dónde está? ¿Quién firma el parte que dice que hay y luego no hay?¿Por qué la comunicación siempre llega tarde? Nos enteramos de que no hay combustible cuando ya estamos empujando el coche. Nunca hay un comunicado previo de 48 horas: «Ciudadanos, el buque se retrasa por X motivo, tomen previsiones».
El silencio genera rumor y el rumor genera mercado negro. ¿Dónde está la cadena de responsabilidad? Cuando falta combustible, nadie es culpable. TOTAL da su versión, el Ministerio da otra. Al final, la culpa es del barco, de la mar, del dólar. Pero nunca hay un informe público con nombres, sanciones y soluciones.
No puede ser que en 2026, con el INEGE diciéndonos que importamos 122 mil millones en materiales de construcción, no seamos capaces de garantizar 20 millones de litros de diésel al mes para que el país funcione.Un país que no puede asegurar que su gente se mueva, no puede hablar de diversificación económica. No puede hablar de turismo si el turista se queda tirado en Ureca. No puede hablar de industrialización si la fábrica no puede encender su generador.Señores responsables del sector de hidrocarburos y energía.
La población no quiere su dimisión. Quiere su gestión. Quiere previsión. Quiere que el producto más importante para el desarrollo humano deje de ser una lotería.Porque ya estamos cansados de esta tradición. Queremos jubilarla.